He rechazado un encargo

Pues sí he rechazado un encargo, sí, en los tiempos que corren, cuando hay casi que regalar el trabajo, cuando cualquier cosa que entre en el estudio es bienvenido como agua de mayo.

Y no ha sido porque no tenga competencias para realizar dicho encargo,  que las tengo, simplemente es que no tengo la capacidad necesaria para realizarlo bien, simplemente eso.

Algún lector podrá estar pesando: éste es tonto, hay que aceptar lo que sea y luego ya se verá cómo lo solucionamos. Cuando hacemos esto, nos arriesgamos a dos cosas. Una es que al final seamos capaces de sacarlo adelante y nos ganemos un dinerito. La otra, que hagamos una chapuza y empecemos a conseguir una “buena reputación, o sea,  que comencemos a cavar nuestra propia tumba gracias al famoso boca a boca (que no pasa de moda).

Pero arriesgándome a que piensen que soy tonto (vaya si me arriesgo que hasta lo cuento…) de dicho que no. Y además, explicando al cliente las razones: que no estoy capacitado y que el tener un título que nos otorgue competencias en el tema a tratar no quiere decir que sepamos porque sí, sin formación complementaria o experiencia anterior.

Por supuesto, me ha servido para algo muy importante, el cliente me ha agradecido mi sinceridad y profesionalidad, incluso, se ha despedido de mí manifestando estar muy contento con encontrar un profesional y quedando a mi disposición.

Sin realizar el trabajo he quedado como un profesional y con un cliente conforme, espero que para la siguiente se acuerde de mi a la par de que me recomiende. Probablemente, si hubiese aceptado dicho encargo, esa profesionalidad quedaría bastante mermada.

¿Y a cuento de qué viene contar esta experiencia? Pues por la famosa Ley de Servicios Profesionales (LSP), cuyos borradores llevan dando vueltas unos años y que dicen que pronto será aprobada. Por lo visto, quieren que haya más competencia aun y todos podrán hacer todo, aunque no tengan ni idea.

Pues yo digo una cosa:

Si todos fuésemos honrados y sólo hiciésemos los trabajos que sabemos hacer, no tendríamos ningún miedo a una ley que otorgue a otros profesionales las mismas competencias que tenemos nosotros. Porque como no sabrán hacer ése trabajo, lo rechazarán.

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